La isla, de Mayte Alvarado

Lo primero que hice al tener La isla (Reservoir Books, 2021) entre las manos fue acariciarlo: pasar la mano por su cubierta azul y blanca de cartón sin cantear, al que el laminado no ha robado su crudeza, y sentir ya algo parecido a esa ilusión infantil de recibir los materiales escolares, tan recién hechos, tan míos.

Parece un cuaderno. Parece el cuaderno en el que Mayte Alvarado hizo sus dibujos, así, de primeras, y esa sensación de intimidad espontánea, de original sin retoque, ya no me abandonó hasta el final. Primer logro al alcance del talentoso: hacer lo que lo infinitamente trabajado, lo infinitamente corregido, que la enésima versión, parezca un borrador recién salido de los lápices, logrado a la primera.

Después lo abrí, claro, y como cualquier lector de narrativa, sentí el vacío bajo mis pies, porque el texto, apenas un par de frases por cada doble página en un tipo versal de diez puntos a lo sumo, parece un rumor más de las olas, una colección de conchas dispuestas en fila. Y hay que buscarlo, perseguirlo por las viñetas, y controlar la ansiedad que te produce la posibilidad de que la autora no haya logrado contar la historia sólo con las ilustraciones, y que todo el cómic no sea más que un delirio poético sin pies ni cabeza, una excusa para dibujar y encuadernar los dibujos mientras se encomienda a la posmodernidad o a la abstracción supina o a San Arco, patrón de aquellos a los que nunca leían cuentos de chico, sino sólo haikus.

Para sacudirme ese miedo me lo leí de un tirón, sin mirar siquiera las ilustraciones, como un alcohólico se bebe la primera ginebra de un trago para calmar la ansiedad y disfrutar de la segunda. Y, una vez ya recuperado el pulso normal, regresé al inicio dispuesto a disfrutar, ahora sí, de lo que la autora había depositado ahí y no de mis expectativas. 

Y no tardé en estar bajo el influjo de La isla.

Porque no había nada que temer, porque el segundo logro de Alvarado es haber encontrado el equilibrio perfecto entre el lenguaje textual y la ilustración. Y no porque reparta el peso del mensaje entre ambos canales como una madre reparte elogios entre sus dos hijas para evitar agravios, sino precisamente porque supera esa discusión y asigna a cada uno de ellos un discurso distinto y original: una función. Y ambas funciones, siendo distintas, son poéticas, porque La isla es un ecosistema de símbolos. Y, ¿no es eso la poesía: un ecosistema de símbolos?

El primer símbolo con el que nos topamos es esa concepción circular de la vida: todo es un ciclo, lo que al mar le fue robado al mar le será devuelto. 

Cuentan que las primeras especies que salieron del mar para adaptarse a la tierra lograron desarrollar estrategias de resistencia a sus condiciones hostiles para la vida. Sin embargo, sus embriones no eran viables en ese entorno, y eso les obligaba a regresar al mar para depositarlos allí. Más adelante, algunos millones de años después, cuando necesitaron separarse más de las orillas para buscar alimento y éstas quedaban tan lejos que no era posible regresar a ellas para desovar, tuvieron que inventar un pedazo de mar portátil al que hoy en día llamamos huevo. El huevo, al igual que la placenta, es una burla al determinismo biológico que nos condenaba a gestar siempre en las aguas y detrás de la cual está la terrestrificación de las especies. Por lo tanto, en sentido estricto, todos nosotros, todos los seres del mundo, somos botines robados al mar que, tarde o temprano, le somos devueltos.

Pero es que el propio libro es un círculo que puede ser leído una y otra vez, terminando por la última página y regresando a la primera, porque cada habitante de ese ecosistema se representa a sí mismo y, a la vez, a un tipo general en una trama sutil, sucinta, pero nada vaga, muy concreta. Una trama de enamoramiento; de la elevación del ser amado a la categoría de único y de la caída propia al descubrir su vulgaridad, que tal vez no sea vulgaridad sino cotidianeidad, mortalidad; una trama de la imposibilidad de vivir conforme a la propia locura en una sociedad cerrada y pequeña y de cómo esa imposibilidad es mucho más acuciante en el caso de la mujer; una trama de locura con perspectiva de género, pero no una locura patologizada, sino de aquéllas a las que se les decía «alunadas»; una locura libre excepto por la cárcel que supone la realidad para su expansión, para su explosión: para la realización de sus objetivos. Y una subtrama de pérdida y de búsqueda, de restauración del equilibrio, una restauración que resulta imposible a causa precisamente de esa pérdida.

La isla es un carrusel en el que los capítulos son las figuras que giran, y los personajes son los niños que, montados en ese carrusel, dirigen nuestra mirada y nos guían a través de ellos. Como muestra, esta doble página en la que se inicia el capítulo de El loco. Los niños vienen corriendo desde el pliego anterior y llegan a esta roca y nos ofrecen su mirada para observar al loco en un recurso puramente cinematográfico. Somos los lectores los que nos asomamos al capítulo que viene, nos intercambiamos por los niños y ellos salen de la diégesis del cuento y nosotros entramos. Nos hacemos parte de la comunidad de La isla que es lo mismo que decir que nos hacemos significantes de sus símbolos.

Y, después del viaje al que nos invita la autora, regresamos a la calma inicial. Lo que al mar le fue robado, al mar le ha sido devuelto. Sólo nos queda esperar a que reclame, al fin, todo el territorio, a que la isla que somos esté bajo las aguas. Y mientras ocurre, esperar sentados en una roca o sobre la arena, acaso leyendo un bellísimo cómic como este, en el mejor de los casos.

La autora, Mayte Alvarado, y el director del CELARD, Miguel Ángel Carmona.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s